Aquél que se muestre respetuoso con la multiplicidad de la
naturaleza, recibirá de ésta la gracia de su variado lenguaje" William
Cüllen Bryant.
Al mediodía los amigos
entran en Cifuentes, un pueblo hermoso, alegre, con mucha agua, con mujeres de
ojos negros y profundos, con comercios bien surtidos que venden camas
niqueladas, juegos de licorera y seis copas con bandeja de espejo, y cromos
saludables, gozosos, de cien colores, que representan La Sagrada Cena o un
molino del Tirol rodeado de altas cumbres nevadas.
Atrás se ha quedado el cerro
de la Horca, un altozano que termina en una meseta lisa como un plato. Según le
explican al viajero, antiguamente; cuando para entretener a las gentes
sencillas, que lo que piden es un poco de sangre, aún no se habían inventado
las corridas de toros, se usaba la mesetilla del cerro de la Horca para
ajusticiar a los condenados a muerte. El viajero piensa que el sitio no está
mal elegido; sin duda alguna el cerro de la Horca tiene una hermosa
perspectiva. El viajero piensa también que es lástima que en el cerro de la
Horca no se levante la fiera silueta del rollo; hubiera hecho muy hermoso.
A la entrada del pueblo,
cerca del río, está la albardería del Rata, un taller pequeño, abigarrado,
lleno de encanto; un taller medieval, optimista y abierto a todos los vientos
como un mercado. El Rata se llama Félix Marco Laina. El Rata es un hombre de
talento, un hombre que supo aprovechar un apodo, exprimirlo como un limón. En
su tienda, rodeado de bastas, de enjalmas y de aceruelos, el Rata es un cónsul
de la Alcarria y su casa un registro general del ir y venir de las gentes. Las
gentes, tarde o temprano, siempre acaban pasando por la albardería del Rata en
busca de una cincha o un lomillo, detrás de un ataharre, en pos de un debajero
o una cangalla.
El viajero regala una carona
de almohadilla al burro Gorrión, y el burro Gorrión mueve el rabo, nervioso
como un niño, mientras lo visten.
Los amigos tiran por la
vega, en sentido contrario del pueblo. Van a comer y echarse, después, un
ratito de siesta en la fuente del Piojo, que tiene un agua clara, muy fresca,
famosa en la comarca.
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